“dicen que el hombre no es hombre, mientras que no oye su nombre, de labios de una mujer. Puede ser”.
La anécdota se repite, la familia reunida desprevenida es testigo del comienzo y poco a poco voy quedando solo junto a la cuentista.
Cuando se aproxima mi cumpleaños, cuando la nostalgia invade la sobremesa, o solo para recordar lo que probablemente ha sido un momento feliz de mi mama Consuelo completa con las mismas palabras cual grabación cada etapa previa a mi nacimiento.
Ella detalladamente me reitera como fueron los días previos a mi nacimiento.
Lo extraño es que le pifiaron con la fecha tentativa de venida y la espera se convirtió en semanas internados. La expectativa existió aunque no era el primer nieto, si el primer hijo.
Fue para el año 1974, un seis de Junio, parece que próximo a las dieciséis horas por parto natural el Dr. Martín junto a (una sola) la enfermera Nieves, el pediatra José Maria y afuera mas nerviosos mi papa Rubén, mis abuelos “Morocha”, Adela, Benito y Reynaldo.
Las opciones de nombre variaban en Lucas o Cristian, Leandro como 3º opción sin chances. Por suerte no nací en los tiempos donde Roma era la capital del mundo. Entre la plebe y los esclavos de la época era frecuente para denominar a los hijos la simple enumeración según el orden de nacimiento. Primus, Secundus, Tertius y al último Firmus que significa: me paro.
Finalmente tras asociar los nombres que tenían más posibilidades con personajes locales con desilachada fama, por descarte me pusieron como nombre de pila Leandro. Tradicionalmente se lo denomina así al nombre porque se impone en el momento del bautizo, como nombre de pila, en referencia a la pila bautismal. A mi me bautizaron como a los ocho años por insistencia de una abuela. Que extraño me sentí cuando un cura me tiro vaya a saber que cosa en la cabeza, que acto injusto cometido al no tener en cuenta que podía pensar al respecto.
Para ser sincero mi nombre es compuesto: Leandro Rubén.
En España del 1600 surgió la costumbre de los nombres compuestos. En los tiempos de Juan Carlos I se puso de moda y cientos de años después Latinoamérica sigue traduciendo el modelo.
Que nadie se sienta mal pues los españoles tiempo atrás adoptaban nombres germánicos porque daba cierto realce social. Ligados a la entrada en la península de los visigodos que rápidamente constituyeron parte de la clase dominante. La superficialidad siempre existió.
Los pueblos celtas y germánicos señalaron en sus nombres las virtudes relacionadas con el mérito guerrero y extendieron este tipo de nombres por Europa durante las invasiones bárbaras del siglo V.
A los pocos años de vida mi querida tía Graciela me apodo como no podía ser de otra manera Titi. Algo que no sobrevivió por mucho tiempo. Mama Consuelo se aterraba que sobreviviera tal apodo, todavía lo recuerda.
En el Secundario mis compañeros y amigos me reconocían como Calvin por ser portador de un pantalón de la marca en cuestión. Esto prevaleció durante mi adolescencia y lo adopte a regañadientes para luego con los años convertirse en mi denominación en el pueblo.
El apodo es aplicado a una persona, sobre todo en los pueblos que se trasmite inclusive entre generaciones. A diferencia del sobrenombre que es un nombre calificativo que se añade al nombre de la persona. Bien podría haber sido Leandro “el cabezón”.
Algunos maestros nunca supieron llamarme por mi verdadero nombre y me decían coincidentemente Leonardo, o su diminutivo Leo. Sospecho que hasta con cierta malicia se habrían complotado para borrar mi identidad que nunca debió cambiar de Lucas a Leandro.
Ya de mas grande alguien me dijo Lean y me gusto como sonaba pero poco apoco el nombre Leandro empezó a ganar terreno. Ya en la actualidad producto de mi edad y por la formalidad del trabajo anunciarme con mi apellido parece cobrar fuerza definitivamente.
Nunca tuve un alias, esto equivale en latín a por otro nombre. Se antepone al sobrenombre con el que se es conocido. Lo que podría ser para satisfacción de algún profe del secundario “Lucas” el “Leo”.
Y por ahora creo no será necesario un seudónimo que para aclarar es el nombre empleado en lugar del verdadero para ocultar la identidad.
Ese soy, un tal Leandro Rubén que vivió en Indio Rico pero ahora desanda su historia por Tandil. Si este momento fuese la Edad Media, no solo que no tendría un blog, mas que todo por la ausencia de electricidad, bien sabido es que las computadoras ya existian... sino que usaría únicamente el nombre de pila y debería adoptar una indicación relativa al lugar donde vivo, al trabajo que realizo, o a cualquier otro rasgo característico. No me imagino como Leandro de Tandil, por suerte adopte el apellido de mi papa siendo ya la sexta (exagerando tal vez) generacion criolla.
Mi nombre: Leandro, una breve salida de aire que combinan con las cuerdas y surge un significado con tonalidades según quien lo escuche. Un acto simple que revela recuerdos, para otros la nada, para pocos silencios, para algunos desconozco. ¿Pensaste que provoca tu nombre en algunas personas?
Antonio Machado puso la voz de alerta en mis pupilas con dicha frase:
“dicen que el hombre no es hombre, mientras que no oye su nombre, de labios de una mujer. Puede ser.”
Pues digo: Que daría por volver a escuchar de tus labios mi nombre. ¿Podrá ser?
Este es mi no-lugar en donde publico lo que escribo, pretendiendo ser un espacio de circulación y comunicacion. Letras en transito que entran en tu intimidad.
jueves, 23 de julio de 2009
jueves, 25 de junio de 2009
El Perro
Esta es una simple historia sin comienzo ni final. He sentido la sensación de tener que expresarlo. Fui testigo de cómo un ser expresaba inocencia y extasío ante la novedad.
Se trata de un perro. No me conoce, parece que nuestro encuentro fue fortuito.
El, parece macho, tiene un pelo largo marrón, con collar blanco. De cuerpo bien proporcionado, los ojos pequeños y las orejas altas y plegadas. La cola larga y peluda, quiero decir con esto que era un perro estupendo.
Era ya una noche serena de otoño completamente estrellada. Escuchaba música y viajando a mi casa pretendía relajarme después de un día de trabajo. Y lo vi.
Ahí estaba sentado esplendido, con su mirada fija en algo que lo abstraía.
Habían pasado ya varios días de unos trabajos de remodelación de la vía de acceso que tomo todos lo días. Nuevos carteles, asfalto bien oscuro, semáforo intermitente para ingresar en ella, líneas refractarias. Trabajaron rápido y ruidosamente pero todo quedo perfecto.
Y por allí circulaba esa noche e imprevistamente me lo encontré. Fueron centésima de segundos en que lo vi. El no me registro pero su momento me impacto. Quedó en mi retina y circundó mi cerebro por varias horas.
Como cuento, apoyado en sus patas traseras luciendo su cuello impecablemente blanco y la mirada en alto. Atónito registraba la intermitencia del nuevo semáforo con su luz amarilla.
El solo. Sentado en el medio de una ruta ahora solitaria impactado, en la oscuridad interrumpida por el reflejo que daba en su cuerpo, que brillaba en sus ojos. Increíblemente el centelleo de la luz que lo cautivaba se repetía sin parar. Solo para el una función teatral única, un regalo, un recuerdo tal vez.
Su mirada era encendida sin duda misteriosa. Sentado en medio de la vía contraria mirando…pensé que disfrutando. Nada importaba, el parecía complacer un sentimiento guardado. La noche solitaria y calma lo cobijaba. Era el y sus pensamientos. Yo fui testigo y me sentí afectado.
El con su figura extraordinaria, desafiante e inocente ante la novedad lumínica se dejaba trasmutar y recorrer vaya a saber que recuerdos. Pasaban los minutos para el y nada importaba.
Algunas otras noches volví a pasar con la esperanza de verlo. Ya no estaba ahí. Y cada noche paso y espero verlo y sigo, pero quedo.
Se trata de un perro. No me conoce, parece que nuestro encuentro fue fortuito.
El, parece macho, tiene un pelo largo marrón, con collar blanco. De cuerpo bien proporcionado, los ojos pequeños y las orejas altas y plegadas. La cola larga y peluda, quiero decir con esto que era un perro estupendo.
Era ya una noche serena de otoño completamente estrellada. Escuchaba música y viajando a mi casa pretendía relajarme después de un día de trabajo. Y lo vi.
Ahí estaba sentado esplendido, con su mirada fija en algo que lo abstraía.
Habían pasado ya varios días de unos trabajos de remodelación de la vía de acceso que tomo todos lo días. Nuevos carteles, asfalto bien oscuro, semáforo intermitente para ingresar en ella, líneas refractarias. Trabajaron rápido y ruidosamente pero todo quedo perfecto.
Y por allí circulaba esa noche e imprevistamente me lo encontré. Fueron centésima de segundos en que lo vi. El no me registro pero su momento me impacto. Quedó en mi retina y circundó mi cerebro por varias horas.
Como cuento, apoyado en sus patas traseras luciendo su cuello impecablemente blanco y la mirada en alto. Atónito registraba la intermitencia del nuevo semáforo con su luz amarilla.
El solo. Sentado en el medio de una ruta ahora solitaria impactado, en la oscuridad interrumpida por el reflejo que daba en su cuerpo, que brillaba en sus ojos. Increíblemente el centelleo de la luz que lo cautivaba se repetía sin parar. Solo para el una función teatral única, un regalo, un recuerdo tal vez.
Su mirada era encendida sin duda misteriosa. Sentado en medio de la vía contraria mirando…pensé que disfrutando. Nada importaba, el parecía complacer un sentimiento guardado. La noche solitaria y calma lo cobijaba. Era el y sus pensamientos. Yo fui testigo y me sentí afectado.
El con su figura extraordinaria, desafiante e inocente ante la novedad lumínica se dejaba trasmutar y recorrer vaya a saber que recuerdos. Pasaban los minutos para el y nada importaba.
Algunas otras noches volví a pasar con la esperanza de verlo. Ya no estaba ahí. Y cada noche paso y espero verlo y sigo, pero quedo.
lunes, 1 de junio de 2009
Prejuicios
Los rayos no dan tregua, recorren cada piedra, cada pared y traspiran, reflejan más rayos. El verano en la sierra esta muy fuerte y en la piel se siente con agobio. Ya para las horas en que me dispongo a caminar el sol se esconde entre los edificios.
La gente arremete en sus incursiones aprovechando que el aire se refresca algo, esquiva cada resto de luz en la vereda.
El pueblo casi ciudad crece, es mi primera impresión. Hace un tiempo quizás una década el ritmo parecía diferente, no estoy seguro. Al menos los autos eran menos, los comercios y las mesas de bar en la vereda eran escasos. Se desarrollaban veranos apacibles. La menor población y vacaciones prolongadas de algunos en la costa vaciaba las calles empedradas.
El sol radiante intenta atrapar los transeúntes que afloran en las sombras. Se escuchan, los labios se mueven, las conversaciones son paralelas, los temas diferentes se superponen. Nadie escucha, todos hablan.
Avanzo sobre la vereda, dudo sobre las baldosas flojas. Cada mucho atravieso grupos que se han parado a verse, se conocen, no se miran a los ojos.
Cada cual viste igual a su par, ejércitos de diferentes batallones.
El pueblo que crece a ciudad, sin interrupciones, sufre otro día de alta temperatura. Cuesta que se formen las tormentas, este verano propone el calor de tal manera que se siente más intenso en el centro comercial, los edificios auspician de reparo y la isla de calor agobia a los transeúntes.
El Sol baja y la gente arremete en sus incursiones consumistas aprovechando el aire fresco del atardecer. Las figuras humanas comienzan a botar allí donde ya hay sombra y se las ingenian para avanzar si ser derramados por los haces solares. Hace un tiempo, diez años quizás, las imágenes en el centro eran casi diferentes para el observador.
Un bocinazo histérico me recuerda que ya nada es apacible.
Tiempo atrás las cosas eran parecidas. Así las veredas contenían grupos de adolescentes que practicaban conversaciones simultáneas y superpuestas. Diálogos coloreados con insultos amistosos antaño ahora son condimentados con aparatos telefónicos.
Hay detrás de todo esto un sentimiento reiterado de exposición propio de los jóvenes, finalmente igual que siempre.
Con una óptica mas alejada de ese cuadro percibo ahora entonces las similitudes de ahora y antes. Así también descubro señales de cambio, caminando me encontré con pinceladas que me denuncian que el tiempo transcurrido es suficiente para las transformaciones del pueblo.
Avance por la vereda siguiendo a quienes esquivan el sol impiadoso y me encontré con un grupo de jóvenes que me extrajeron de mis distracciones. Ellos, tal vez concientes de lo que provocan, danzaban sin música elaborando pasos que requieren una destreza circense.
Al baile lo llaman Hip Hop según investigue al consultar a un Abuelo que miraba atentamente sentado a la sombra de un tilo, insistiendo el entendido que desistiera de utilizar la J por la H. “Es importado como lo fue en su momento otras danzas…” comento queriéndome tranquilizar.
“Pero este desafía las leyes naturales y sociales…” aventure gesticulando solo con mi mirada perpleja. Lo natural por girar al ritmo con la cabeza donde van los pies desafiando la Gravedad, y finalmente lo social porque no puedo imaginar de qué manera se danza y se dialoga al mismo tiempo como se podría con otros bailes.
Propio de estos tiempos el jaleo, concluyo para mis adentros, surge a consecuencia de un mejorado rendimiento de los desodorantes corporales, pienso que el Odorono de entonces no hubiera soportado tal exigencia y los aromas hubiesen sido definitivos en el éxito de tamaña empresa.
Sin salir de mi sorpresa y dando gracias a Dios de que pertenezco a la generación que bailaba al ritmo de los Loco Mía, avance.
Sin tregua otro grupo en dirección contraria me rodea, solo es un grupo de adolescentes que comulga con un estilo donde se privilegia la imagen. Nada nuevo pensé para escapar de la ideas fóbicas.
¿Acaso todos no hacemos lo mismo? Bueno, para ser sincero siento que estos niños ponen en juego la demarcación del límite del soportable setentoso que contiene mi ADN y abusando de tal renovación apuestan a un cambio estilista enfático.
Este mundo se rige con un acento pronunciado en la imagen, lo hacen las flores en el desierto apenas cae la única y breve lluvia, las aves con sus plumas coloridas se aseguran la procreación.
Pese a estar prevenido por los medios de la existencia de tribus urbana no esperaba que este pueblo ya los germinara. Así es que desafiando una visión libre con un frondoso flequillo multicolor, estos mozos se aventuran en colores suaves y estridentes repitiendo la formula.
Estos adolescentes adolecen como antaño y reconozcamos ciertas similitudes entre el actual jeans chupin alejado de la cadera y el jeans nevado amorfo de quince años atrás. Tremebundos ambos por si es necesario aclararlo.
Otros productos que han evolucionado en su diseño también lo han hecho en su uso. Me refiero al teléfono móvil. Caminando por este pueblo recuerdo que no era usual ver en la la cara de la gente a estos aparatos, tal vez no daba modificar un acto intimo para convertirlo completamente en un episodio expresamente publico.
Mas hoy pasa a ser un órgano, en este caso externo, del cuerpo humano. Un puente que no nos permite incomunicarnos con quien queremos relacionarnos o no. Las contradicciones lo están por aquí también, aventuro a creer que si el mensaje es de medio pelo porque no utilizar el papel circunspecto entre el imán y la puerta de la heladera. Ahora si la declaración reviste sustancia porque no desembarcarlo en una mesa de café sin mas limites que el aroma de la infusión.
Hay un grupo de consumidores de teléfonos, desafiando la idea original, que usan tal aparato presuntuoso, si me permiten agregar, para aislarse por completo al colocarse los auriculares para escuchar algo.
El pueblo cambia y camino por sus veredas escapando al calor. En el bar Firpo se reflota la idea alocada del canal hídrico que conecta la estación de trenes con el lago, emulando a las vías de Venecia publicado en algún medio digital, la idea era que los recién llegados en luna miel recorrieran el romántico acueducto. La polémica provoca sonrisas y en los desprevenidos sorpresa.
Sigo, el tiempo me sobra y busco en las vidrieras objetos que no necesito.
Hace unos meses apareció por aquí una tienda que responde a la movida de las transformaciones globales. Esta tienda vende productos del Oriente. Para envidia de Marco Polo, a la vuelta de la esquina, y en el se puede encontrar esferas musicales, figuras abstractas, telas, dragones y adornos típicos. Sabiendo de tal existencia me acerque al lugar para descubrir algún objeto nuevo.
Me allegue al vidrio para iniciar la exploración visual y la sorpresa fue tal que sentí la necesidad de alejarme inmediatamente. Ya nada es lo que es, había un sinnúmero de ángeles con alas pomposas bellísimas pero más propio de una santería judeo cristiana y no de un shop que adhiere a Confucio, al Hinduismo o a cualquier filosofía propia del Asia.
Este mundo anuncio cambios pese a que algunos ya sean de vieja data e inclusive con tonalidades próximas al fracaso. El desprevenido lo vive como algo nuevo a incorporar a las retinas sin más. Creyéndolo simpático adhiere al berretismo generalizado.
El desconfiado ve lo mismo y se previene, no adhiere, nunca se relajara y hasta pierda días de vida por tal postura infeliz.
Descuidadamente me tente y no supe filtrar cierto prejuicio. Es que nos cuesta Dejar Ser al Otro, invariablemente nos auto autorizamos a juzgar. Y no es un acto inocente. Conforme pasan los años nos recibimos de Verdugos implacables haciendo caso omiso a las despreocupaciones que gobernaban nuestros actos infantes.
La aprobación del prójimo pareciera esencial cuando olvidamos lo verdaderamente importante. Y con ello se pone en riesgo perder demasiado.
Todo es como antes, se busca incansablemente una renovación, incluso recorriendo el camino ya descartado. Cuenta la Ilusión que con su pureza nos salpica de esperanzas.
La gente arremete en sus incursiones aprovechando que el aire se refresca algo, esquiva cada resto de luz en la vereda.
El pueblo casi ciudad crece, es mi primera impresión. Hace un tiempo quizás una década el ritmo parecía diferente, no estoy seguro. Al menos los autos eran menos, los comercios y las mesas de bar en la vereda eran escasos. Se desarrollaban veranos apacibles. La menor población y vacaciones prolongadas de algunos en la costa vaciaba las calles empedradas.
El sol radiante intenta atrapar los transeúntes que afloran en las sombras. Se escuchan, los labios se mueven, las conversaciones son paralelas, los temas diferentes se superponen. Nadie escucha, todos hablan.
Avanzo sobre la vereda, dudo sobre las baldosas flojas. Cada mucho atravieso grupos que se han parado a verse, se conocen, no se miran a los ojos.
Cada cual viste igual a su par, ejércitos de diferentes batallones.
El pueblo que crece a ciudad, sin interrupciones, sufre otro día de alta temperatura. Cuesta que se formen las tormentas, este verano propone el calor de tal manera que se siente más intenso en el centro comercial, los edificios auspician de reparo y la isla de calor agobia a los transeúntes.
El Sol baja y la gente arremete en sus incursiones consumistas aprovechando el aire fresco del atardecer. Las figuras humanas comienzan a botar allí donde ya hay sombra y se las ingenian para avanzar si ser derramados por los haces solares. Hace un tiempo, diez años quizás, las imágenes en el centro eran casi diferentes para el observador.
Un bocinazo histérico me recuerda que ya nada es apacible.
Tiempo atrás las cosas eran parecidas. Así las veredas contenían grupos de adolescentes que practicaban conversaciones simultáneas y superpuestas. Diálogos coloreados con insultos amistosos antaño ahora son condimentados con aparatos telefónicos.
Hay detrás de todo esto un sentimiento reiterado de exposición propio de los jóvenes, finalmente igual que siempre.
Con una óptica mas alejada de ese cuadro percibo ahora entonces las similitudes de ahora y antes. Así también descubro señales de cambio, caminando me encontré con pinceladas que me denuncian que el tiempo transcurrido es suficiente para las transformaciones del pueblo.
Avance por la vereda siguiendo a quienes esquivan el sol impiadoso y me encontré con un grupo de jóvenes que me extrajeron de mis distracciones. Ellos, tal vez concientes de lo que provocan, danzaban sin música elaborando pasos que requieren una destreza circense.
Al baile lo llaman Hip Hop según investigue al consultar a un Abuelo que miraba atentamente sentado a la sombra de un tilo, insistiendo el entendido que desistiera de utilizar la J por la H. “Es importado como lo fue en su momento otras danzas…” comento queriéndome tranquilizar.
“Pero este desafía las leyes naturales y sociales…” aventure gesticulando solo con mi mirada perpleja. Lo natural por girar al ritmo con la cabeza donde van los pies desafiando la Gravedad, y finalmente lo social porque no puedo imaginar de qué manera se danza y se dialoga al mismo tiempo como se podría con otros bailes.
Propio de estos tiempos el jaleo, concluyo para mis adentros, surge a consecuencia de un mejorado rendimiento de los desodorantes corporales, pienso que el Odorono de entonces no hubiera soportado tal exigencia y los aromas hubiesen sido definitivos en el éxito de tamaña empresa.
Sin salir de mi sorpresa y dando gracias a Dios de que pertenezco a la generación que bailaba al ritmo de los Loco Mía, avance.
Sin tregua otro grupo en dirección contraria me rodea, solo es un grupo de adolescentes que comulga con un estilo donde se privilegia la imagen. Nada nuevo pensé para escapar de la ideas fóbicas.
¿Acaso todos no hacemos lo mismo? Bueno, para ser sincero siento que estos niños ponen en juego la demarcación del límite del soportable setentoso que contiene mi ADN y abusando de tal renovación apuestan a un cambio estilista enfático.
Este mundo se rige con un acento pronunciado en la imagen, lo hacen las flores en el desierto apenas cae la única y breve lluvia, las aves con sus plumas coloridas se aseguran la procreación.
Pese a estar prevenido por los medios de la existencia de tribus urbana no esperaba que este pueblo ya los germinara. Así es que desafiando una visión libre con un frondoso flequillo multicolor, estos mozos se aventuran en colores suaves y estridentes repitiendo la formula.
Estos adolescentes adolecen como antaño y reconozcamos ciertas similitudes entre el actual jeans chupin alejado de la cadera y el jeans nevado amorfo de quince años atrás. Tremebundos ambos por si es necesario aclararlo.
Otros productos que han evolucionado en su diseño también lo han hecho en su uso. Me refiero al teléfono móvil. Caminando por este pueblo recuerdo que no era usual ver en la la cara de la gente a estos aparatos, tal vez no daba modificar un acto intimo para convertirlo completamente en un episodio expresamente publico.
Mas hoy pasa a ser un órgano, en este caso externo, del cuerpo humano. Un puente que no nos permite incomunicarnos con quien queremos relacionarnos o no. Las contradicciones lo están por aquí también, aventuro a creer que si el mensaje es de medio pelo porque no utilizar el papel circunspecto entre el imán y la puerta de la heladera. Ahora si la declaración reviste sustancia porque no desembarcarlo en una mesa de café sin mas limites que el aroma de la infusión.
Hay un grupo de consumidores de teléfonos, desafiando la idea original, que usan tal aparato presuntuoso, si me permiten agregar, para aislarse por completo al colocarse los auriculares para escuchar algo.
El pueblo cambia y camino por sus veredas escapando al calor. En el bar Firpo se reflota la idea alocada del canal hídrico que conecta la estación de trenes con el lago, emulando a las vías de Venecia publicado en algún medio digital, la idea era que los recién llegados en luna miel recorrieran el romántico acueducto. La polémica provoca sonrisas y en los desprevenidos sorpresa.
Sigo, el tiempo me sobra y busco en las vidrieras objetos que no necesito.
Hace unos meses apareció por aquí una tienda que responde a la movida de las transformaciones globales. Esta tienda vende productos del Oriente. Para envidia de Marco Polo, a la vuelta de la esquina, y en el se puede encontrar esferas musicales, figuras abstractas, telas, dragones y adornos típicos. Sabiendo de tal existencia me acerque al lugar para descubrir algún objeto nuevo.
Me allegue al vidrio para iniciar la exploración visual y la sorpresa fue tal que sentí la necesidad de alejarme inmediatamente. Ya nada es lo que es, había un sinnúmero de ángeles con alas pomposas bellísimas pero más propio de una santería judeo cristiana y no de un shop que adhiere a Confucio, al Hinduismo o a cualquier filosofía propia del Asia.
Este mundo anuncio cambios pese a que algunos ya sean de vieja data e inclusive con tonalidades próximas al fracaso. El desprevenido lo vive como algo nuevo a incorporar a las retinas sin más. Creyéndolo simpático adhiere al berretismo generalizado.
El desconfiado ve lo mismo y se previene, no adhiere, nunca se relajara y hasta pierda días de vida por tal postura infeliz.
Descuidadamente me tente y no supe filtrar cierto prejuicio. Es que nos cuesta Dejar Ser al Otro, invariablemente nos auto autorizamos a juzgar. Y no es un acto inocente. Conforme pasan los años nos recibimos de Verdugos implacables haciendo caso omiso a las despreocupaciones que gobernaban nuestros actos infantes.
La aprobación del prójimo pareciera esencial cuando olvidamos lo verdaderamente importante. Y con ello se pone en riesgo perder demasiado.
Todo es como antes, se busca incansablemente una renovación, incluso recorriendo el camino ya descartado. Cuenta la Ilusión que con su pureza nos salpica de esperanzas.
sábado, 28 de febrero de 2009
Explendidamente Cortazar
EL FUTURO
Y se muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
Y se muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
martes, 20 de enero de 2009
Olvidos
Algunas personas mientras viven perfeccionan un modo de ser que se asocia a la falta de memoria. Así es que de pequeños tienen la incapacidad de hallar cosas que ellos mismos han visto ubicadas en determinado lugar.
Ya de grandes suelen olvidar el lugar en donde dejan los objetos inclusive los que no son importantes.
La pérdida de memoria se asocia a la reducción en número y complejidad de las dentritas. Estas son ramas de las neuronas que, a través de la sinapsis, reciben y procesan la información de otras células nerviosas. Esto sucede por una sencilla razón: falta de uso. Activar el cerebro es la solución escapando de la rutina, elaborarle “trampas” que modifiquen movimientos automáticos que repetimos cada día.
Los olvidos son hechos que mortifican, sobre todo si además se esta expuesto al observador, que a veces sin siquiera ser victima, con algún gesto nos desaprueba.
Una vez recurriendo a una fuente de ilustración como lo es el reverso en los tacos de los almanaques leí y comprendí el porque del dilema:
“El arte de recordar se asocia con el arte de observar. Fulano 2774 A. C. o contemporáneo, ya no me acuerdo. Pero que sabio che.
Hay personas que no solo olvidan los objetos sino también las personas. Entiéndase nombres, fechas de cumpleaños, rostros que se hacen desconocidos. Esto ya se convierte en un grave problema.
Sean objetos o sean personas estos olvidos llegaron para quedarse. Se debe aprender a convivir con las distracciones y con la desaprobación social por tal descuido.
Esto último me entusiasma por tomar partido por esta porción de la población desfavorecida. Y los excuso con el mismo entusiasmo que excuso a aquellas personas que sufren debilidades en otros terrenos.
Así como no es noble exigir que todos sepan mejorar la jugada de gol de Diego en el 86 a los belgas, o exhortar desafiar y oscurecer la obra de Juan Alberdi también debería ser inapropiado instar a recordar el rostro de la sobrina de un vecino.
Esto no es un capricho: nuestro cuerpo genera oxitocina que parece cumplir un papel importante a la hora de identificar a las personas: su función es reforzar las redes neuronales del cerebro implicadas en distintos disfrutes y la memoria social.
Ya inmerso en la investigación del tema descubro que los olvidos incluyen en realidad temas de difícil resolución. Nuestro cerebro sabiamente lo engloba como olvidos y así nos encontramos con Olvidos que en realidad no lo son y al aflorar laceran.
El pedido de disculpas retrasado,
La visita al medico para ver como nos encontramos,
El trabajo irresuelto en el hogar,
El trabajo demorado en nuestro empleo,
La metida de pata con algún conocido,
El no de una chica que nos gusta,
El helado en el frezzer,
La broma pesada en la adolescencia.
Todo tiene algo en común. Cada hecho nos recorre íntima e intermitentemente el cerebro por días y años. Lo recordamos imprevistamente o concientemente para que ellos nos mortifique por enésima vez.
El ser humano esta codificado en su cimiento de tal manera que no se permite el Olvido, solo se distrae para hacer llevadera las irresoluciones.
Y como todo recuerdo tiene un dejo de tristeza, entonces para que rebroten menos bochornos, sentimientos y desconsuelos la lista se engrosa sabiamente en el Olvido.
Ya de grandes suelen olvidar el lugar en donde dejan los objetos inclusive los que no son importantes.
La pérdida de memoria se asocia a la reducción en número y complejidad de las dentritas. Estas son ramas de las neuronas que, a través de la sinapsis, reciben y procesan la información de otras células nerviosas. Esto sucede por una sencilla razón: falta de uso. Activar el cerebro es la solución escapando de la rutina, elaborarle “trampas” que modifiquen movimientos automáticos que repetimos cada día.
Los olvidos son hechos que mortifican, sobre todo si además se esta expuesto al observador, que a veces sin siquiera ser victima, con algún gesto nos desaprueba.
Una vez recurriendo a una fuente de ilustración como lo es el reverso en los tacos de los almanaques leí y comprendí el porque del dilema:
“El arte de recordar se asocia con el arte de observar. Fulano 2774 A. C. o contemporáneo, ya no me acuerdo. Pero que sabio che.
Hay personas que no solo olvidan los objetos sino también las personas. Entiéndase nombres, fechas de cumpleaños, rostros que se hacen desconocidos. Esto ya se convierte en un grave problema.
Sean objetos o sean personas estos olvidos llegaron para quedarse. Se debe aprender a convivir con las distracciones y con la desaprobación social por tal descuido.
Esto último me entusiasma por tomar partido por esta porción de la población desfavorecida. Y los excuso con el mismo entusiasmo que excuso a aquellas personas que sufren debilidades en otros terrenos.
Así como no es noble exigir que todos sepan mejorar la jugada de gol de Diego en el 86 a los belgas, o exhortar desafiar y oscurecer la obra de Juan Alberdi también debería ser inapropiado instar a recordar el rostro de la sobrina de un vecino.
Esto no es un capricho: nuestro cuerpo genera oxitocina que parece cumplir un papel importante a la hora de identificar a las personas: su función es reforzar las redes neuronales del cerebro implicadas en distintos disfrutes y la memoria social.
Ya inmerso en la investigación del tema descubro que los olvidos incluyen en realidad temas de difícil resolución. Nuestro cerebro sabiamente lo engloba como olvidos y así nos encontramos con Olvidos que en realidad no lo son y al aflorar laceran.
El pedido de disculpas retrasado,
La visita al medico para ver como nos encontramos,
El trabajo irresuelto en el hogar,
El trabajo demorado en nuestro empleo,
La metida de pata con algún conocido,
El no de una chica que nos gusta,
El helado en el frezzer,
La broma pesada en la adolescencia.
Todo tiene algo en común. Cada hecho nos recorre íntima e intermitentemente el cerebro por días y años. Lo recordamos imprevistamente o concientemente para que ellos nos mortifique por enésima vez.
El ser humano esta codificado en su cimiento de tal manera que no se permite el Olvido, solo se distrae para hacer llevadera las irresoluciones.
Y como todo recuerdo tiene un dejo de tristeza, entonces para que rebroten menos bochornos, sentimientos y desconsuelos la lista se engrosa sabiamente en el Olvido.
viernes, 26 de diciembre de 2008
Soñar despierto
La reposición de la historia mas reiterada en su mente daba comienzo sin anuncios. Giro hacia un costado aferrado a la almohada, los dedos se estremecieron. Sabia del final del sueño y angustiado busco la salida. Se despertó decididamente, le pareció soñar imágenes repetidas, inquietantes.
Tenía sed y fue en búsqueda de una solución a oscuras. Tomado de la puerta de la heladera su cuerpo tomo color con la luz del artefacto. Empino sobre su boca el recipiente de agua y no pudo evitar que el sueño recorriera su mente aun despierto.
Las imágenes venían del fondo de la jarra: …la gente que llegaba y el lugar tomaba ritmo. Los grupos de conocidos se armaban. El verano prometía mucho sol y la playa se coloreaba todas las mañanas.
Esa tarde el viento empezó a soplar bien fuerte de alta mar. Los nubarrones eran paridos en el horizonte y decididamente buscaban en dirección a tierra en forma desordenada y finalmente cerrando filas. Los últimos grupos que soportaban el viento fresco poco a poco se desarmaban en búsqueda de refugio.
El viento recorría a vuelo rasante por sobre la espuma salina recolectando los ecos de historias de lo profundo del mar.
Se acercaba a la playa a una gran velocidad, para rozar el agua que descansaba en la arena, el viento conocía de su complexión esa mañana. Advertía de su fragancia, de su frescura y no quería pasar desapercibido.
En plena madrugada los primeros rayos alertaron de la tormenta. Se pudo observar como el mar se desnudaba con la intensa electricidad. El viento que ahora jugaba antes intentaba escapar de las olas, que como trampas fatales cerraban su único paso uniéndose y así evitar la huida.
Se adentro a la playa y la sintió fría y húmeda. Todavía la somnolencia lo gobernaba, repaso nuevamente lo sucedido.
La puerta de la heladera libre de la mano se cerró y el ambiente nuevamente quedo a oscuras. El con el recipiente aferrado, aturdido y atormentado busco descanso en la silla próxima. La mirada en la oscuridad repasaba:
…la breve charla alcanzo para saber quien era. Superando las barreras se dejo llevar por la espontaneidad del encuentro. Sorprendida por la interrupción lo miro, tal vez por primera vez, y en segundos largos comenzaron el dialogo. Conciso pero fluido como viejos conocidos. Sus ojos parecían brillar más aun, su corazón latía tan fuerte que tapaba las demás sonidos. La emoción lo desbordaba y toda su piel se estremecía. Fueron varios minutos para saber su nombre y para cruzar generalidades que pretendían ocultar la vibración del encuentro programado desde hace tanto tiempo vaya a saber por quien.
Decidido como su intermisión fue su dispersión. Pronto ella lo perdió de vista y a sabiendas que el tiempo daría otra oportunidad se fue a descansar.
La noche esta plena y la visión se adentra en la oscuridad divisando los objetos. Han pasado años y años y el vuelve a recordar las imágenes sin color: …Avanzo caminando hacia el agua. De pronto el silbido cobarde del viento lo previno. Este escapaba anunciando el poderoso rayo que logro inmovilizar a la tarde, una luz que cegaba, que fulminaba esa clara penumbra vespertina. El mar, en un gris plomo, que se había adueñado de la playa pudo ver por un instante como la tormenta lejana lo pretendía doblegar.
El mar se incomodo sin perder su talle suntuoso, la tormenta lo enajena. Ella sola era capaz de limitar su poder, ese que derrumbaba el ánimo de marineros, la misma prepotencia que talla el perfil de la costa, y eso lo obnubilaba, lo transmuta a una entidad insigne.
Ignorando tal lid se vio avanzando, acercándose a la arena más húmeda, los dedos descalzos pretendieron un dibujo en una línea de sal que demarcaba un gesto iracundo marino de la noche in tempestuosa. Salió a caminar sin saber para donde, y al encontrarse con la playa vacía pues sintio que ya era una buena idea recorrerla. Así es que pronto el agua fresca le rodeo los tobillos y las manos buscaron en el fondo de los bolsillos del abrigo pretendiendo equilibrar la temperatura.
Alejo su vista por detrás de las pequeñas crestas que rompían en lo profundo queriendo buscar la imagen de algún misterio del mar. Encontrar con alguna alimaña náutica que lo desafiara.
De pronto sus ojos percibieron desde el rabillo que una silueta solitaria caminaba alejándose. Su atención fue total cuando al girar para corroborar tal apreciación descubrió que ella había elegido lo mismo. La soledad de semejante escenario era cautivante.
Con más dudas que por la noche su mente se debatía entre quedarse mirándola o seguir sus pasos. Esforzándose para superar la introversión enajenado por el Destino se movió tras ella sin saber que hacer. Ella varios metros adelante se freno en unas piedras que emergían entre la arena y el agua para apreciar la tormenta. Avanzo aun mas hasta alcanzarla, ahí estaba, bella, única, tan especial. Su pelo suelto se dejaba caer desordenado sobre su rostro en un balanceo sensual.
Se miraron y ensayaron una charla desordenada a sabiendas de lo que realmente sus miradas expresaban. Eran sentimientos fuertes que cincelaban, grababan como el orfebre en una pieza única. Las palabras solo eran la viruta que ya en el piso nadie recuerda.
Tampoco importaban las dificultades, las fuerzas del Destino las desdibujaban y solo se avizoraban como suaves ahogos que no impedían. La conexión era visual, intensa e irrepetible, nublaba la razón.
Juntos decidieron avanzar por la playa para caminar, escenario vacío que contemplaban sus insignificantes materias. Pero tanto el mar como la tormenta por unos minutos dejaron de lado sus camorras. Contemplaban la energía mas pura que provoca el encuentro, seres que sintiéndose separados por años, por siglos ahora gozaban del encuentro.
Ya el viento comprendiendo apelo a la tranquilidad convirtiéndose a brisa. Buscando cobijo tras las olas que rompen, percibiendo el momento.
No había contacto físico, ya vendría, solo era estar y saborear el instante. La paciencia era el secreto. Décadas separados por la vida y por la muerte. Poco a poco se recordaban y se adivinaban gestos, reacciones y olores como sacudiendo la amnesia que nubla el pasado.
La sucesión de palabras discurría entre los tonos alegres e íntimos. Se percibía renovación y el más profundo de los sentimientos. Así avanzaban hacia el saliente sin hoja de ruta, tan solo la compañía deseada, desnudos en alma parecían elevarse en sus silencios, entrelazados con sus miradas sin importar el tiempo ni el viento.
El Destino concluyo su obra sellando por enésima vez el viejo compromiso. Rubricado con palabras y miradas que el viento soplo hacia el agua y ya nadie conserva.
Besos y promesas en ese orden llegaron. El encuentro efímero se completo con otras conversaciones más y con ello basto para renovar y confirmar una historia llena de ausencias.
Reiterada en su estilo y con final cerrado esta crónica de lo que nunca fue no parece tener fecha de vencimiento en el mundo de los sueños.
Las sensaciones del cuerpo deseado fueron guardadas para las horas de soledad. Cada imagen y cada tono de voz se convirtieron en compañeros de las tardes de sol o lluvia. Espesas y lentas tardes de desolación.
La ventana por la cual se extrañaban estaba impregnada de pequeños vestigios de caricias ya frías. El viento desde afuera traía mensajes deslucidos que no podían atravesar el vidrio.
Apelando a la memoria visual inicio el recorrido de vuelta al dormitorio. El cansancio reclamaba, ya todo estaba ordenado. No más sueños por hoy, no más angustia pero tampoco olvido. La cinta perversamente se rebobinaba y la tecla de inicio quedaba celosa al menor roce inclusive del viento.
Tenía sed y fue en búsqueda de una solución a oscuras. Tomado de la puerta de la heladera su cuerpo tomo color con la luz del artefacto. Empino sobre su boca el recipiente de agua y no pudo evitar que el sueño recorriera su mente aun despierto.
Las imágenes venían del fondo de la jarra: …la gente que llegaba y el lugar tomaba ritmo. Los grupos de conocidos se armaban. El verano prometía mucho sol y la playa se coloreaba todas las mañanas.
Esa tarde el viento empezó a soplar bien fuerte de alta mar. Los nubarrones eran paridos en el horizonte y decididamente buscaban en dirección a tierra en forma desordenada y finalmente cerrando filas. Los últimos grupos que soportaban el viento fresco poco a poco se desarmaban en búsqueda de refugio.
El viento recorría a vuelo rasante por sobre la espuma salina recolectando los ecos de historias de lo profundo del mar.
Se acercaba a la playa a una gran velocidad, para rozar el agua que descansaba en la arena, el viento conocía de su complexión esa mañana. Advertía de su fragancia, de su frescura y no quería pasar desapercibido.
En plena madrugada los primeros rayos alertaron de la tormenta. Se pudo observar como el mar se desnudaba con la intensa electricidad. El viento que ahora jugaba antes intentaba escapar de las olas, que como trampas fatales cerraban su único paso uniéndose y así evitar la huida.
Se adentro a la playa y la sintió fría y húmeda. Todavía la somnolencia lo gobernaba, repaso nuevamente lo sucedido.
La puerta de la heladera libre de la mano se cerró y el ambiente nuevamente quedo a oscuras. El con el recipiente aferrado, aturdido y atormentado busco descanso en la silla próxima. La mirada en la oscuridad repasaba:
…la breve charla alcanzo para saber quien era. Superando las barreras se dejo llevar por la espontaneidad del encuentro. Sorprendida por la interrupción lo miro, tal vez por primera vez, y en segundos largos comenzaron el dialogo. Conciso pero fluido como viejos conocidos. Sus ojos parecían brillar más aun, su corazón latía tan fuerte que tapaba las demás sonidos. La emoción lo desbordaba y toda su piel se estremecía. Fueron varios minutos para saber su nombre y para cruzar generalidades que pretendían ocultar la vibración del encuentro programado desde hace tanto tiempo vaya a saber por quien.
Decidido como su intermisión fue su dispersión. Pronto ella lo perdió de vista y a sabiendas que el tiempo daría otra oportunidad se fue a descansar.
La noche esta plena y la visión se adentra en la oscuridad divisando los objetos. Han pasado años y años y el vuelve a recordar las imágenes sin color: …Avanzo caminando hacia el agua. De pronto el silbido cobarde del viento lo previno. Este escapaba anunciando el poderoso rayo que logro inmovilizar a la tarde, una luz que cegaba, que fulminaba esa clara penumbra vespertina. El mar, en un gris plomo, que se había adueñado de la playa pudo ver por un instante como la tormenta lejana lo pretendía doblegar.
El mar se incomodo sin perder su talle suntuoso, la tormenta lo enajena. Ella sola era capaz de limitar su poder, ese que derrumbaba el ánimo de marineros, la misma prepotencia que talla el perfil de la costa, y eso lo obnubilaba, lo transmuta a una entidad insigne.
Ignorando tal lid se vio avanzando, acercándose a la arena más húmeda, los dedos descalzos pretendieron un dibujo en una línea de sal que demarcaba un gesto iracundo marino de la noche in tempestuosa. Salió a caminar sin saber para donde, y al encontrarse con la playa vacía pues sintio que ya era una buena idea recorrerla. Así es que pronto el agua fresca le rodeo los tobillos y las manos buscaron en el fondo de los bolsillos del abrigo pretendiendo equilibrar la temperatura.
Alejo su vista por detrás de las pequeñas crestas que rompían en lo profundo queriendo buscar la imagen de algún misterio del mar. Encontrar con alguna alimaña náutica que lo desafiara.
De pronto sus ojos percibieron desde el rabillo que una silueta solitaria caminaba alejándose. Su atención fue total cuando al girar para corroborar tal apreciación descubrió que ella había elegido lo mismo. La soledad de semejante escenario era cautivante.
Con más dudas que por la noche su mente se debatía entre quedarse mirándola o seguir sus pasos. Esforzándose para superar la introversión enajenado por el Destino se movió tras ella sin saber que hacer. Ella varios metros adelante se freno en unas piedras que emergían entre la arena y el agua para apreciar la tormenta. Avanzo aun mas hasta alcanzarla, ahí estaba, bella, única, tan especial. Su pelo suelto se dejaba caer desordenado sobre su rostro en un balanceo sensual.
Se miraron y ensayaron una charla desordenada a sabiendas de lo que realmente sus miradas expresaban. Eran sentimientos fuertes que cincelaban, grababan como el orfebre en una pieza única. Las palabras solo eran la viruta que ya en el piso nadie recuerda.
Tampoco importaban las dificultades, las fuerzas del Destino las desdibujaban y solo se avizoraban como suaves ahogos que no impedían. La conexión era visual, intensa e irrepetible, nublaba la razón.
Juntos decidieron avanzar por la playa para caminar, escenario vacío que contemplaban sus insignificantes materias. Pero tanto el mar como la tormenta por unos minutos dejaron de lado sus camorras. Contemplaban la energía mas pura que provoca el encuentro, seres que sintiéndose separados por años, por siglos ahora gozaban del encuentro.
Ya el viento comprendiendo apelo a la tranquilidad convirtiéndose a brisa. Buscando cobijo tras las olas que rompen, percibiendo el momento.
No había contacto físico, ya vendría, solo era estar y saborear el instante. La paciencia era el secreto. Décadas separados por la vida y por la muerte. Poco a poco se recordaban y se adivinaban gestos, reacciones y olores como sacudiendo la amnesia que nubla el pasado.
La sucesión de palabras discurría entre los tonos alegres e íntimos. Se percibía renovación y el más profundo de los sentimientos. Así avanzaban hacia el saliente sin hoja de ruta, tan solo la compañía deseada, desnudos en alma parecían elevarse en sus silencios, entrelazados con sus miradas sin importar el tiempo ni el viento.
El Destino concluyo su obra sellando por enésima vez el viejo compromiso. Rubricado con palabras y miradas que el viento soplo hacia el agua y ya nadie conserva.
Besos y promesas en ese orden llegaron. El encuentro efímero se completo con otras conversaciones más y con ello basto para renovar y confirmar una historia llena de ausencias.
Reiterada en su estilo y con final cerrado esta crónica de lo que nunca fue no parece tener fecha de vencimiento en el mundo de los sueños.
Las sensaciones del cuerpo deseado fueron guardadas para las horas de soledad. Cada imagen y cada tono de voz se convirtieron en compañeros de las tardes de sol o lluvia. Espesas y lentas tardes de desolación.
La ventana por la cual se extrañaban estaba impregnada de pequeños vestigios de caricias ya frías. El viento desde afuera traía mensajes deslucidos que no podían atravesar el vidrio.
Apelando a la memoria visual inicio el recorrido de vuelta al dormitorio. El cansancio reclamaba, ya todo estaba ordenado. No más sueños por hoy, no más angustia pero tampoco olvido. La cinta perversamente se rebobinaba y la tecla de inicio quedaba celosa al menor roce inclusive del viento.
viernes, 12 de diciembre de 2008
El trabajo es Salud
Mucho se habla sobre el esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, poetas, filósofos, políticos y demás lo definen desde su óptica. Osados e inquietantes algunos hablan de cierta evolución de un estado primitivo de esclavitud a uno más humano (?) de asalariado. Lo cierto que el trabajo como posibilidad es algo difícil de encontrar en países como el nuestro, los latinoamericanos.
Sea por ser un individuo que no pudo terminar con el nivel primario por las causas de siempre o porque Ud. es un perfecto profesional universitario pues no tiene chances.
Las motivos en la juventud varían para unos entre la lógica falta de formación, o porque es soltero y ello denuncia cierto desorden, porque es casado y ya el trabajo no será lo mas importante, o por la falta de experiencia laboral por ser una persona que solo estudio y no trabajo paralelamente.
O bien más preocupante aun por no ser conocido por alguna persona que tenga directa relación o compromiso con quien genera la posibilidad.
Sin embargo, como entrevistador de personas que quieren trabajar noto con gracia que nunca la persona llega a tal grado de perfección como cuando llena un impreso de solicitud laboral.
De esa manera se aclara con dudoso criterio de los amplios conocimientos en el manejo de computación. ¿Que representa esa aclaración? Parece que estamos a punto de conocer á un experto en sistemas. ¿Tal vez esta exagerando en su capacidad de controlar programas de Windows?
Y cuando leemos que es un experto dominador de nivel medio de Ingles ¿Y cuando tiene conocimientos básicos de Italiano? Esto significa que podrá comunicarse locuazmente con alguien en esos términos y sin embargo puede que escriba Daniel con Ñ.
En países del tercer mundo como el nuestro todo vale para no perder la posibilidad, única tal vez, de acceder a un trabajo formal. Y con ello la excusa acredita cualquier método.
La ansiedad que provoca esta necesidad pone en juego nuestra salud. He visto gente que aprecio que sufre a consecuencia mal humor, gastritis, insomnio, depresión, angustia o lo peor un cóctel provocándole algún tipo de crisis. Pero que esto no quede como un concepto más: crisis es conflicto, es bronca, es remordimiento.
Como profesor me he encontrado con lo más terrible. Dialogando con alumnos descubrí que ellos creen conveniente no validar el sistema educativo. Pues ha dejado de ser garantía de ascenso social. Un beneficio que se había obtenido en nuestra sociedad y que revalorizaba la educación gratuita que tanto cuesta sostener.
La única esperanza parece agotada ¿y que les queda? Desesperanzados ven que sus padres recorrieron el camino sugerido a cambio de nada. La tecnificación y las crisis recurrentes de ineficaces políticos vacían los nichos laborales y queda solo para algunos acceder a la ayuda miserable del estado.
Deberíamos tener cuidado cuando se nos escapa que porque acceden a tal sistema de subvención eligen no trabajar. Porque justamente esta población activa no tiene otra que la informalidad laboral y las condiciones negativas que trae aparejada. Las opciones son áridas.
Desde la tranquilidad económica el prójimo critica por la vagancia elegida cuando solo logran cosas porque la mesa esta servida de antemano y solo resta sentarse a gozar.
Y a no ser que quien se postula no haya recorrido el sacrificado camino del estudio cosechando excelentes notas de tal manera de llamar la atención parece que los parámetros definitorios no se controlan.
Imaginar este panorama regado por la moda de la afirmación vitalista, el vivir en el presente, el circular por el carril rápido, atributos de la cultura que nos agobia por los medios de comunicación garantiza un circulo vicioso incontrolable. Esto fascina a los jóvenes y oscurece la búsqueda de sus raíces y lo peor suele estropear la oportunidad laboral lograda.
Parece que tal contexto se ha globalizado en esta región y la exclusión agrieta nuestras sociedades, se nos naturaliza la alternativa de posponer los proyectos como personas y con ello se rifa el futuro personal.
Lejos de querer dejar un sentimiento negativo vuelvo a recordar con una sonrisa los intentos de querer impactar pero sin que sea escandalosamente visible con los datos que publicamos en nuestro Currículum. La frescura se descubre en algunos datos que podrían ser ilustrativos en el desvelo por la aprobación y la picardía abre juego.
Sea por ser un individuo que no pudo terminar con el nivel primario por las causas de siempre o porque Ud. es un perfecto profesional universitario pues no tiene chances.
Las motivos en la juventud varían para unos entre la lógica falta de formación, o porque es soltero y ello denuncia cierto desorden, porque es casado y ya el trabajo no será lo mas importante, o por la falta de experiencia laboral por ser una persona que solo estudio y no trabajo paralelamente.
O bien más preocupante aun por no ser conocido por alguna persona que tenga directa relación o compromiso con quien genera la posibilidad.
Sin embargo, como entrevistador de personas que quieren trabajar noto con gracia que nunca la persona llega a tal grado de perfección como cuando llena un impreso de solicitud laboral.
De esa manera se aclara con dudoso criterio de los amplios conocimientos en el manejo de computación. ¿Que representa esa aclaración? Parece que estamos a punto de conocer á un experto en sistemas. ¿Tal vez esta exagerando en su capacidad de controlar programas de Windows?
Y cuando leemos que es un experto dominador de nivel medio de Ingles ¿Y cuando tiene conocimientos básicos de Italiano? Esto significa que podrá comunicarse locuazmente con alguien en esos términos y sin embargo puede que escriba Daniel con Ñ.
En países del tercer mundo como el nuestro todo vale para no perder la posibilidad, única tal vez, de acceder a un trabajo formal. Y con ello la excusa acredita cualquier método.
La ansiedad que provoca esta necesidad pone en juego nuestra salud. He visto gente que aprecio que sufre a consecuencia mal humor, gastritis, insomnio, depresión, angustia o lo peor un cóctel provocándole algún tipo de crisis. Pero que esto no quede como un concepto más: crisis es conflicto, es bronca, es remordimiento.
Como profesor me he encontrado con lo más terrible. Dialogando con alumnos descubrí que ellos creen conveniente no validar el sistema educativo. Pues ha dejado de ser garantía de ascenso social. Un beneficio que se había obtenido en nuestra sociedad y que revalorizaba la educación gratuita que tanto cuesta sostener.
La única esperanza parece agotada ¿y que les queda? Desesperanzados ven que sus padres recorrieron el camino sugerido a cambio de nada. La tecnificación y las crisis recurrentes de ineficaces políticos vacían los nichos laborales y queda solo para algunos acceder a la ayuda miserable del estado.
Deberíamos tener cuidado cuando se nos escapa que porque acceden a tal sistema de subvención eligen no trabajar. Porque justamente esta población activa no tiene otra que la informalidad laboral y las condiciones negativas que trae aparejada. Las opciones son áridas.
Desde la tranquilidad económica el prójimo critica por la vagancia elegida cuando solo logran cosas porque la mesa esta servida de antemano y solo resta sentarse a gozar.
Y a no ser que quien se postula no haya recorrido el sacrificado camino del estudio cosechando excelentes notas de tal manera de llamar la atención parece que los parámetros definitorios no se controlan.
Imaginar este panorama regado por la moda de la afirmación vitalista, el vivir en el presente, el circular por el carril rápido, atributos de la cultura que nos agobia por los medios de comunicación garantiza un circulo vicioso incontrolable. Esto fascina a los jóvenes y oscurece la búsqueda de sus raíces y lo peor suele estropear la oportunidad laboral lograda.
Parece que tal contexto se ha globalizado en esta región y la exclusión agrieta nuestras sociedades, se nos naturaliza la alternativa de posponer los proyectos como personas y con ello se rifa el futuro personal.
Lejos de querer dejar un sentimiento negativo vuelvo a recordar con una sonrisa los intentos de querer impactar pero sin que sea escandalosamente visible con los datos que publicamos en nuestro Currículum. La frescura se descubre en algunos datos que podrían ser ilustrativos en el desvelo por la aprobación y la picardía abre juego.
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